lunes, 3 de noviembre de 2008

Desfile de colmillos

Vivimos en estos días momentos harto desconcertantes. La consigna de nuestro mundo capitalista ha dejado de ser “compra y se feliz” para ser: ojo con lo que compras que pude llevarte a la mas absoluta infelicidad, al submundo de los impagados y al vértigo de cada día 31.

Los mensajes, tanto publicitarios como institucionales, han dejado de ser desenfadadamente “naive” (en plan “¡miren este wc capaz de hacer sonar música de Shakira mientras usted defeca!”), para pasarse a la práctica nada recomendable en la sociedad de consumo de alentar a la población a que guarde lo que tiene, de que hay “crisis”, y de que esta palabra no significa cambio sino “sumisión y espera dócil” al comportamiento del todopoderoso mercado que todo regula y todo lo sabe.

Está claro que algo va mal a los que tienen el dinero en este planeta. Muchos como yo hace siglos que cobramos sueldos bajísimos y que corremos delante del infierno acechante del contrato “eventual”. Otros hace ya también lo suyo que esperan ante la imposibilidad de acceder a una casa propia o desesperan ante la posibilidad de perder la que ya tienen. Sin embargo, y por las razones que sea, es ahora cuando algo va mal de verdad, cuando los bancos tienen que entonar el “réquiem por los que van a morir” y nos necesitan temerosos e impresionados ante el poder del dinero. Quietos, para reparar la maquinaria del capitalismo.

Viendo por la tele esas reuniones de altos cargos, esas medidas de urgencia capaces de saltarse a la torera la propia filosofía del capitalismo si es por el bien del capitalismo, esos rostros donde se presume la tensión de perder aunque sólo sea una parte de la riqueza que poseen, etc., es imposible para mi no acordarme de la genial e infravalorada película de Román Polanski, The Fearless Vampire Killers, que en España se título “El baile de los vampiros”.

Esta cinta (al igual que el capitalismo), pretendía en el momento de su creación ser una feliz comedia. Una parodia de los miedos de la sociedad de la época (1967), reflejados en aquel cine de tonos saturados de las inmortales películas de vampiros de la Hammer (con el gran Christopher Lee como frontman).

Un director con un mundo interior tan turbio como el de Polanski y unos exteriores tan abiertos como claustrofóbicos bastaron para convertir esta comedia en un relato fascinante sobre lo horrendo y rancio que resulta el poder sobre quienes lo sostienen. Un cuento cargado de humor negro sobre la eterna lucha entre la clase alta consigo misma y con todos los demás.

La peli cuenta la historia de un investigador (Jack MacGowran) y su ayudante (interpretado por el propio Polanski), en su búsqueda de “no muertos” en los alrededores de una extraña población. Guiados por la estela del secuestro de la hija de un posadero local, los personajes son recibidos en el castillo de un misterioso conde por el cual serán agasajados en ocasiones “extremadamente”, hasta convertirse en el primer plato para sus invitados en un multitudinario baile al que acuden todos los vampiros poderosos de la región.

Me imagino que a cualquier contribuyente que vea las noticias le sonara todo aquello de ser agasajado (en forma de promesas de seguridad y cambio), para más tarde convertirse en la merienda de las vampíricas potencias monetarias que, habiendo secado sus venas acuden a las del ente público para satisfacer su ansia.

Mucho menos conocida que La semilla del diablo (1968), Chinatown (1974) o El pianista (2002), El baile de los vampiros es una de esas películas de Polanski (la verdad es que hay bastantes más) que en permanecen en el saco del olvido, pero que parecen mágicamente unidas a la actualidad, respecto a la cual siempre tienen algo que decir.

La película, de una manera muy parecida a lo que sucede estos días, funciona como una bomba de humor negro donde subyace el poder de los que tienen, frente a la sumisión incondicional de aquellos que aspiran a repartirse las migajas que desprenden los poderosos. Un ejemplo “terrorífico” (sobre todo si uno piensa en Zapatero y el G20), es el del posadero, que al convertirse en un vampiro-súbdito del conde huye de una vida y una mujer horrorosa para vivir del desenfreno y morder de vez en cuando “algún cuello apetecible”.

Os recomiendo esta peli como una de mis preferidas del director francés, y también como la poseedora de una de las mejores bandas sonoras originales de la historia del cine. Además defiendo su actualidad en base a que en cierta manera se trata de una cinta que advierte de la falsedad necesaria para mantener todo sistema de clases. Una historia y una situación en la que hasta el famoso “león de la metro” puede resultar ser una vampiro sediento de nuestra sangre.

The Fearless Vampire Killers, trailer en Youtube

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