domingo, 28 de diciembre de 2008

¿Qué hacer con la rabia?

 Acabo de ver en las noticias el ataque terrorista de Israel contra los palestinos de Gaza. Sí, he dicho terrorista de manera consciente, ¿qué es sino? Lanzar bombas contra la población civil, contra hospitales , contra escuelas, ¿dónde está la línea que separa la acción de guerra merecedora de la comprensión política y mediática, del asesinato en masa? Puede que la diferencia no esté en el resultado, sino en las características del atacante: vestuario, look, armas, vehículos… Al fin y al cabo, en la tele todo es espectáculo y, como en el cine, el éxito depende del papel que te toque interpretar. Y en el conflicto árabe-israelí, los roles están asignados desde hace mucho tiempo, los malos y los buenos están claramente perfilados por los que dirigen la función. El protagonista sabe que por muy difícil que se lo pongan, al final se saldrá con la suya. Al que le tocó el papel secundario sabe que tarde o temprano acabará mordiendo el polvo. “Sayonara, baby”.

Pero, por mucho que tengamos asimilado este esquema, sus efectos son repugnantes, indignantes e injustos. ¿Y qué hacen los organismos internacionales? Pues, nada. La ONU evita condenar el ataque y se limita a pedir el cese de los bombardeos. Y EEUU, en pleno subidón de cinismo, culpa a Hamás. Es decir, que poco importan los 290 muertos y 900 heridos, aquí lo que cuenta es el poder y la importancia que tiene Israel como potencia mundial. Para entendernos, ponerse en contra de Israel es como quererle parar los pies a Rambo. Y más, sabiendo que esto no hay quien lo pare. Cuando menos te descuidas aparece otra secuela. Así las cosas, lo más prudente es ponerse al lado del que gana. De ahí a acabar soltando mamporros como él va un paso. Todo es ponerse.

Después, vendrán con que si el terrorismo internacional es el mayor reto al que nos enfrentamos el próximo año, que si mira lo malos que son los árabes y que mala pinta tienen. Porque a ver, cómo vas a comparar un entierro con todos los honores, con banda de música, salvas y una bandera bien grande, con cuatro tíos gritando por la calle con un muerto en brazos. Vamos, a quien se lo digas, no hay comparación. Después, esa gente, quieras que no, están acostumbrados. Se pasan la vida por las calles dando gritos, quemando banderas y llorando a sus muertos. No hay color. En cambio, los otros, los israelíes, da gusto de verlos. Disponen de la más moderna tecnología, que exportan al resto del mundo. Tienen conexiones financieras con las más importantes corporaciones. Cuentan con uno de los ejércitos más poderosos del mundo. Y además, estamos hablando de “los judíos”, las víctimas del holocausto. Conclusión, para qué resistirme, mejor dejarme llevar antes de que me llamen aguafiestas. No se le puede pedir a alguien que llore cuando la que ponen es “Aterriza como puedas 3”. Total, estas malas películas pronto se olvidan y la semana que viene seguro que ponen otra mejor. 

2 comentarios:

Enzo Buonfiglio dijo...

"Israel ha creado una economía que se expande considerablemente como reacción directa a la escalada de la violencia. Las razones del nivel de confort de la industria israelí con el desastre no son tan misteriosas. Años antes del boom de la seguridad global, las compañías de tecnología israelíes fueron enérgicamente pioneras en la industria de la seguridad interna y, hoy en día, continúan dominando el sector".(Naomi Klein, La doctrina del shock, 2008).


Israel, definitivamente, creo que no quiere la paz. Cuanta más brutalidad y violencia haya, más crece su economía. Pero me uno a la idea de militancia y condena de este terrorismo de estado. Las organizaciones internacionales cada vez me decepcionan más.

Enzo Buonfiglio dijo...

Os recomiendo la lectura del artículo "Decálogo para una Unión Europea militamte en la violencia jurídica y el terrorismo de estado" de Francisco Palacios Romeo, profesor de Derecho Constitucional (Universidad de Zaragoza) y miembro del Comité Internacionalista de Aragón.